Fundiciones tipográficas en la ciudad de Valencia
Ricard Blasco (Del libro «Homenatge a la impremta Valenciana
1474-1974»)

Entra dentro de la posibilidad que Lambert Palmart fuese el primer fundidor de tipos en Valencia. Consta documentalmente que, en 1493, vendió cierto número de punzones de letra o matrices. Se ha supuesto con fundamento, que Alfonso Fernández de Córdoba, colaborador de Palmart en la impresión de algunas obras, aprendió de éste la técnica de la fundición. El que fuera de oficio platero, afianza ésa suposición, así como que imprimió en 1477 con caracteres góticos. Que eran pocos los fundidores o que los existentes reservaban para ellos la letra fundida, parece probarlo el hecho que los editores buscasen tipos fuera de Valencia. Joan Rix de Cura mandó traer letras especiales para la impresión de Tirant lo Blanc en 1489, y las dejó en depósito a Nicolau Spindelar, su impresor.

Que la letra era codiciada por los editores para constituir la base de su negocio, se saca de la compra que el mismo Joan Rix de Cura hizo al maestro tipógrafo alemán afincado en Valencia Joan Rosenbach en 1490: letras, instrumentos y matrices en gran cantidad, como para hacer que su pago se hiciese a plazos. La primera fundición tipográfica independiente de una imprenta, la estableció en Valencia el notario y editor Miquel Albert y la montó el fabricante húngaro Gerard Bruna. Constaba de 98 matrices de letras de lectura. Fundir los tipos necesarios para 5 pliegos, necesitaba tres meses. Ésta fundición empezó a trabajar en 1493. Albert se comprometió con el impresor Pere Trinxer, que trabajaba para él, a alquilarle tipos a medida que fuesen vaciados.

A las etapas posteriores a la imprenta incunable, la situación parece haber sido la misma, aunque no es posible precisar si hubo fundiciones autónomas en Valencia durante los siglos XVI y XVII. Sí que es posible decir, sin embargo, que en la confluencia de los dos siglos se hicieron importaciones de letras.

En 1599 llegan al puerto de Valencia unos botes con caracteres de imprenta ya fundidos procedentes de Estocolmo. Intervienen en la operación como mercaderes, Andi Franco, que negocia con Gaspar Alberola, de Valencia, y Gaspar Mesida, que lo hace con Marco Antonio Figinio, además del ya reconocido Abraham Cohet, que como en otras ocasiones, corresponde también en ésta con Fieramonte Pallavicino. Es más que posible que según progresaba el arte de imprimir, los tipógrafos fuesen abandonandola fundición. Nuevas aleaciones daban a ésta caracter más especializado y mayor complejidad y, por otra parte, el libro fue paulativamente mejorando su presentación, lo que absorvía más tiempo a los impresores. Un impresor valenciano tan admirado y notable como Antoni Bordazr, consta que se abastecía de fundidores de Ginebra, Ricord y Olivier, hacia el 1736. Cabe pensar que, seguramente, otros colegas suyos del XVIII se abastecían también del extranjero. A finales de éste siglo (XVIII) destacó como fundidor de letra el valenciano Manuel Peleguer. Era también platero y grabador y figuraba como socio de mérito de la Real Sociedad Económica de Amigos del País. En 1784 tuvo imprenta propia. Él — o pudo ser un hijo suyo con el mismo nombre — se trasladó a Madrid en 1830 para establecerse como litógrafo. Aquí una muestra de los caracteres creados por Pedreguer (Fig.1). El siglo XIX trajo un renacimiento de las fundiciones tipográficas en Valencia, coincidiendo con el auge que experimentó la imprenta en éste siglo. Consta en 1821 la fundición que tenían Valverde i Company en la Plaça del Correu. Por las mismas fechas se afincó en Valencia el inglés J.B. Clement Sturme y montó una fundición de la cual existen documentos y catálogos de 1825, 1829, 1831 y 1833. Clemente formó sociedad con los valencianos Bernat Lasala y Vicent Frana, la cual se disolvió en 1840. Desde entonces y hasta 1870 condujo el negocio el hijo del fundador Joan Clement Ripkain. La calidad industrial de ésta empresa y su crédito comercial fueron notorios.

En 1854 el madrileño Lorenzo Landeta pretendió establecer una fundición pero con poco éxito. En 1856 el impresor valenciano Ignasi Boix, que llevaba catorce años trabajando en Madrid, trasladó sus trabajadores a Valencia y con ellos una fundición de caracteres y viñetas que perduró hasta su muerte en 1862. Adquirió su utillaje Ramón Álvarez, el cual siguió fundiendo tipos, adornos y viñetas hasta 1880 en que cerró sus talleres. Por ésta época abrió los suyos Pere Úbeda que trabajó en Valencia hasta 1890, fecha en la que se trasladó a Madrid. Ésta fue la última fundición tipográfica que hubo en Valencia.

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